jueves, 3 de marzo de 2016

La televisión

Desde su aparición en los años 30 hasta comienzos del siglo XXI, la televisión ha sido el medio con mayores índices de público o audiencia a nivel mundial. Esto se debe a sus características como herramienta informativa: su inmediatez en el cubrimiento de acontecimientos, los recursos que utiliza (imágenes, sonido, presentadores, set’s de grabación) y, sobre todo, la posibilidad que ofrece de ver los hechos-y a sus protagonistas-en tiempo real y a kilómetros de distancia. 
Aún hoy en día, con la llegada de nuevos medios de comunicación, la televisión mantiene su nivel de influencia sobre la mayor parte de los sectores de la sociedad, pues sus dispositivos son baratos y de fácil acceso. 
A nivel formal, la televisión plantea el uso de una gran variedad de formatos a la hora de transmitir la información. Entre ellos sobresalen noticieros, telenovelas, documentales, reportajes, entrevistas, programas culturales, pedagógicos y científicos, entre otros. Gracias al acelerado desarrollo tecnológico de las últimas décadas del siglo XX y las primeras del siglo XXI, cada formato conjuga imágenes, textos y sonidos, y, además, plantea un constante contacto e interacción con la teleaudiencia. Por todas estas razones, actualmente la televisión es un medio de comunicación que, se considera, plantea una reflexión sobre el carácter democrático de nuestras sociedades.
Los medios de comunicación de masas han adquirido gran importancia en el presente siglo. De todos los medios de comunicación masivos existentes, me interesa, especialmente, la televisión. Es de ella y de la influencia que ejerce en el niño, tanto en su lenguaje, como en sus hábitos y conducta imitativa, de lo que me ocuparé en el presente trabajo. La investigación se centrará en niños menores de 12 años, por esta la edad en que se organiza en el niño una nueva estructura mental y por ser, de acuerdo con Debesse, la edad del saber, la edad de la razón, la edad social y, por ultimo, la edad activa.
Surgen varias interrogantes que dicen, o están, en directa relación con la idea y el objetivo central de la investigación. A ellas tratare de dar respuesta adecuada a medida que se desarrolla este trabajo. Las más evidentes son las siguientes:
  • ¿En qué medida influye en él, el lenguaje televisivo y en qué medida lo incorpora a su propio vocabulario?
  • ¿Hasta qué punto termina la televisión con el sentido de responsabilidad de esta edad? ¿Existe en él el deseo de cumplir primero con éstas y luego ver televisión u ocurre lo contrario?
  • ¿Hasta qué punto el hecho de estar sistemáticamente expuesto a modelos televisivos origina en el niño respuestas imitativas de tipo motor?
  • ¿En qué medida los hábitos de higiene y sueño, presentes en el niño, están relacionados con la televisión?
Quiero y debo aclarar a estas alturas que no es mi propósito cuestionar la televisión en sí, porque cabría entonces referirse a aspectos que ya han sido mencionados con anterioridad por algunos críticos de ella, los que me movería a plantear preguntas tales como: ¿es dañina? ¿cuál es su objetivo primordial? ¿es uno meramente comercial? ¿si es uno más positivo, como el de entregar cultura, hasta que punto lo cumple? etc.
Tampoco es el propósito del trabajo cuestionar la realidad chilena en lo que a televisión se refiere, sin embargo, no se puede dejar de considerar algunos hechos que, en alguna medida, atañen a lo que al trabajo interesa. En nuestro país, los programas que se ofrecen para los niños son muy escasos.

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